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Minibar: manual de instrucciones para dar alojamiento a las mejores barritas

En plena era healthy, llevar una alimentación saludable está dejando de ser una elección, para convertirse prácticamente en un deber. Solamente por este motivo, conviene ser cuidadoso a la hora de elegir las barritas del minibar. Las marcas más prestigiosas, sin ir más lejos, comercializan barritas de cereales que pesan alrededor de 30 gramos y aportan una cantidad importante de calorías, principalmente a partir de azúcares añadidos, lo que obliga a extremar el cuidado en su elección. Por otro lado, estos mismos productos incorporan muchas veces coberturas con sabor a yogur o a chocolate que contienen ácidos grasos saturados y grasas parcialmente hidrogenadas que numerosos estudios han asociado a enfermedades cardiovasculares y metabólicas, cuando se toman habitualmente.
Si se trata de elegir las más saludables, el primer criterio es la composición, expresada en el etiquetado nutricional. Las barritas que proporcionan cereales integrales, frutos secos o frutas desecadas son las más recomendables, siempre y cuando no incorporen azúcares añadidos (o su aporte sea mínimo) y usen edulcorantes bajos en calorías. No obstante, se trata de las menos, pues lo habitual es que vengan colmadas de azúcar, salvo que sean 0% por utilizar edulcorantes bajos en calorías. A título informativo, las barritas con mayor proporción de azúcar (en cualquiera de sus nombres comerciales), llegan a suministrar por cada 30 gramos de peso, alrededor de 10g de azúcar.
Otra cosa a tener en cuenta es que el azúcar no se presente camuflado bajo un nombre distinto en la etiqueta nutricional: glucosa, lactosa, maltodextrina, jarabe de arroz, néctar de agave, remolacha, dextrano, dextrosa, malta diastásica, melaza, miel, azúcar moreno, fructosa cristalina, jarabe de maíz, sirope de malta, zumo de caña de azúcar evaporado, etc. Todos ellos se encuadran dentro del etiquetado nutricional bajo el paraguas de los azúcares.
Otro buen consejo es fijarse en los ingredientes que figuran en primer lugar en la etiqueta (los ingredientes aparecen ordenados de acuerdo a la cantidad que hay en el producto, siendo el primer ingrediente el predominante y el último el menos abundante). En general, las barritas más saludables que pueden encontrarse en el mercado suministran, como máximo, un 45% de cereales integrales –por ejemplo, copos integrales de avena–, pudiendo figurar en segundo término harina integral de avena. No obstante, hay que leer atentamente la etiqueta hasta descubrir el contenido de sal, azúcares y/o grasas saturadas o “parcialmente hidrogenadas” (también conocidas como “trans”).
Por otra parte, lo habitual es que cuanto más larga es la etiqueta, más procesada es la barrita (a no ser, claro, que la información nutricional se traduzca a los distintos idiomas de los países en los que se comercializa). Las ultraprocesadas, por ejemplo, pueden contener jarabe de glucosa, chocolate blanco –azúcar, manteca de cacao, leche desnatada en polvo, grasa láctea (mantequilla)–, grasa vegetal de palma y palmiste, jarabe de azúcar invertido, azúcar, humectantes (sorbitol, glicerina), maltodextrina, leche entera en polvo, cacao en polvo, miel, dextrosa, aroma, sal, antioxidantes (extracto rico en tocoferoles, galato de propilo, palmitato de ascorbilo), lácteos, trazas de huevoa y sulfitos. Ingredientes, todos ellos, incompatibles para personas veganas o que busquen opciones equilibradas y poco procesadas.
A modo de conclusión, muchas barritas suministran demasiado azúcar añadido, ácidos grasos saturados (generalmente provenientes de grasa de palma o coco) y sal, tres ingredientes que deben limitarse en la dieta, ya que su consumo continuado se ha asociado a un aumento en la prevalencia de algunas enfermedades. A la hora de escoger una barrita, conviene decantarse por las que presenten un mayor contenido en cereales integrales, frutas desecadas y frutos secos, y un menor contenido en azúcar añadido. Las etiquetas de los alimentos brindan esta información, aunque a veces pueda resultar algo confusa. Por ley, los fabricantes están obligados a incluir la información nutricional y a detallar los ingredientes de sus productos en orden de peso, así que hay que fijarse en cuáles son los que figuran al comienzo de la lista: si el azúcar (o algunos de sus derivados) está entre los primeros, significa que es uno de los principales componentes del alimento y, por consiguiente, que estamos ante un producto muy calórico, dato que, además, podremos corroborar en el etiquetado nutricional.

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