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¿Tu hotel sirve alimentos “naturales” o alimentos saludables?

Con independencia de cuál sea el destino elegido por el cliente, hay una creencia que parece haberse convertido en universal: los alimentos naturales son más sanos. Tal vez por ello, la palabra “natural”, referida a los alimentos, se utiliza muchas veces como sinónimo de saludable, bueno y ecológico.

Pero… ¿qué es un alimento natural? Desde la ortodoxia nutricional, “natural” es todo alimento que nace en la naturaleza de forma espontánea y sin intervención humana. Los espárragos trigueros o las setas que inundan los campos todas las primaveras y otoños son dos ejemplos de alimentos naturales. Pero esto no significa que todos los alimentos “naturales” sean buenos por el mero hecho de haber nacido silvestres. La seta Amanita phalloides, por ejemplo, cumple con todos los requisitos de “natural”, pero es mortalmente venenosa.

En un sentido más amplio, la palabra “natural” se utiliza a veces para designar también a aquellos alimentos que no incorporan aditivos ni tratamientos térmicos de conservación, ni procesos tecnológicos susceptibles de alterar su composición. Bajo este prisma, no es posible considerar “natural” ni el pan ni el vino ni los quesos, porque sufren fermentaciones, ni tampoco a ningún producto que sea refrigerado.

Por otra parte, y aunque se trata de un tema polémico, la creencia de que los productos ecológicos son “naturales” y, en este sentido, mucho más saludables para el organismo, tampoco se ajusta a la realidad, a decir de las principales asociaciones de nutricionistas del mundo. Así, aunque es completamente cierto que los alimentos orgánicos son más respetuosos con el medio ambiente por no verter productos químicos de síntesis a los suelos y al agua, no está demostrado que proporcionen muchas más vitaminas y nutrientes, como a veces se rumorea. En septiembre de 2009, por ejemplo, un grupo de investigadores británicos publicó una revisión sistemática de la literatura científica (en concreto, de 52.471 investigaciones) y concluyó que “no hay evidencias que muestren diferencias en la calidad nutritiva entre los productos alimenticios cultivados de forma orgánica o de forma convencional”.

En relación a la sostenibilidad de los productos ecológicos, es importante resaltar que cuando hay que traer de lejos a los alimentos ecológicos podrían no ser tan respetuosos con el medio ambiente, pues el transporte es un factor clave en la generación de gases de efecto invernadero. Visto así, podrían ser más sostenibles unas verduras cultivadas en algún lugar próximo adonde van a consumirse que unas verduras ecológicas procedentes de otro país.

Aunque los cultivos ecológicos no emplean fertilizantes ni pesticidas sintéticos, ello no significa necesariamente que estén completamente libres de contaminantes, ya que no pueden impedir que una nube descargue lluvia sobre sus campos, que el agua de riego que emplean esté libre de toxinas (o de purines), que el subsuelo esté contaminado con metales pesados o que existan industrias en la comarca que emitan humo contaminante. El mejor ejemplo es el Polo Norte. Según el informe The Tip of the Icerberg: Chemical Contamination in the Artic, el Ártico recibe sustancias tóxicas procedentes de zonas industriales muy alejadas, con independencia de que estos productos no se utilicen en la región. Sorprendentemente, las concentraciones de algunos contaminantes llegan a ser más elevadas en el Ártico que en algunos países donde se producen.

Por lo que se sabe a día de hoy, no se ajusta a la realidad que los productos ecológicos nutran mucho más y mejor, al menos, según las principales bases de datos biomédicas del mundo (Cochrane, Pubmed, etc.) En realidad, lo más que se ha encontrado es que poseen algo más de sustancias fotoquímicas, muchas de ellas con propiedades antioxidantes, que los alimentos convencionales (al tener que protegerse por sí mismos de las plagas), si bien se trata de una diferencia poco relevante en términos de salud.

En cambio, existe un amplio consenso científico sobre cuáles son los alimentos que resultan más beneficiosos para tener una salud de hierro, según avalan miles de investigaciones científicas. A saber: hortalizas, frutas, legumbres, cereales integrales (y sus derivados, como el pan, la pasta, etc.), frutos secos, aceite de oliva, semillas y, en general, los productos de procedencia vegetal.

Por lo que respecta a la utilización del término “natural”, aunque en ciertos ambientes se identifica con una alimentación teóricamente saludable, muchas veces se trata un simple eufemismo para denunciar que cada vez estamos más alejados de la naturaleza. Sin embargo, es bueno que los huéspedes sepan que un alimento puede ser saludable aunque en su cultivo o elaboración intervengan los humanos, precisa Healthia Certification.

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